Llegada a Tokio

Acabo de aterrizar en Japón, y este primer día en Tokio fue puro vértigo, emoción y primeras impresiones. Desde el aeropuerto hasta el centro y terminando con una inmersión en la historia del Tokio más tradicional, este paseo inicial es ideal para entrar con buen pie en la capital japonesa.

Aeropuerto Internacional de Narita

Llegar al Aeropuerto Internacional de Narita (NRT) supone aterrizar en la principal puerta de entrada internacional a Japón. Se encuentra a unos 60 km al este de Tokio y gestiona gran parte del tráfico internacional de pasajeros hacia la capital.

Narita es un aeropuerto extenso, con tres terminales —dos para vuelos regulares y una dedicada a aerolíneas de bajo costo— conectadas por autobuses gratuitos o pasarelas peatonales. Es un lugar cómodo si llegas tras un vuelo largo: dispone de servicios amplios, tiendas duty-free, zonas de descanso y buenas conexiones hacia el centro de Tokio.

Narita Airport
Acabamos de Llegar

En los shorts del canal de Youtube o en las cuentas de Instagram o Tiktok podreis ver como fue la bajada del avion y cuales fueron los primeros pasos en el aeropuerto.

Consejo práctico: para llegar lo antes posible al centro conviene usar un tren rápido o un servicio limusina si vas con prisa o quieres aprovechar el día sin perder tiempo.


Traslado al centro: Keisei Ueno Station

Desde Narita puedes tomar un tren directo hasta Keisei Ueno Station, una estación subterránea situada bajo el parque Ueno que conecta de forma rápida con el corazón de Tokio. Esta estación, operada por la compañía Keisei, abrió en 1933 y adoptó su nombre actual en 1953.

El ambiente alrededor es vibrante: Ueno es un barrio lleno de vida, museos, parques y calles comerciales. Es una zona ideal para dejar el equipaje, estirar las piernas y comenzar a absorber el ritmo urbano de la ciudad nada más llegar.

Para llegar a Tokio elegi utilizar el Skiliner era mas barato y estaba apunto de llegar.


Un paseo simbólico: Estatua de Hidesaburō Ueno y Hachikō

A pocos minutos de Ueno se encuentra una estatua muy especial: la que representa al profesor Hidesaburō Ueno junto a su perro Hachikō. Esta escultura, inaugurada en 2015 en la Facultad de Agricultura de la Universidad de Tokio, homenajea una de las historias de lealtad más conocidas del país.

La historia es conmovedora: Hachikō, un perro de raza akita, acompañaba cada día a su dueño a la estación. Tras la muerte repentina del profesor en 1925, el perro continuó yendo al mismo lugar a esperarlo durante casi diez años. Con el tiempo se convirtió en un símbolo nacional de fidelidad.

Esta visita tiene una atmósfera tranquila y más íntima que otras zonas turísticas. Es un buen momento para hacer una pausa, respirar y conectar con una historia que forma parte del imaginario japonés.

En la imagen se puede ver la placa que explica la historia del perro y su dueño; una parte de mí siempre se estremece cada vez que recuerda esta historia de amistad tan fuerte. Siempre pienso lo mismo: ojalá algún día tener algo tan increíblemente fuerte como esa amistad.

Estatua Ueno Hachiko
Estatua Ueno Hachiko

Final de la tarde en Asakusa: Sensō-ji

Para cerrar el día decidí ir hacia Asakusa y visitar Sensō-ji, el templo budista más antiguo de Tokio y uno de sus símbolos más reconocibles. Su origen se remonta al año 645, y a pesar del paso del tiempo, incendios y reconstrucciones, sigue siendo uno de los lugares más vibrantes del Tokio tradicional.

Al llegar a Sensō-ji, lo primero que me impacta es la Puerta Kaminarimon con su gigantesca linterna roja. Es impresionante y no pude resistirme a sacar un montón de fotos. Al pasar por ella, el bullicio de turistas se mezcla con el aroma de incienso y eso ya te da una sensación de estar entrando en algo especial.

📝 ¿Qué me llevo de este primer día?

Este arranque en Tokio me ha servido para aterrizar con calma, tomar contacto con la vida urbana y sumergirme poco a poco en la historia y cultura japonesa. Desde el bullicio internacional de Narita hasta la calma espiritual de Asakusa, pasando por la emotiva historia de Hachikō, ha sido un día lleno de contrastes perfectos para comenzar el viaje.